
Cuerpo, juego y tecnología, desde una mirada psicomotriz
“Mi hijo maneja el celular mejor que yo”, “Puede pasar horas con la tablet, pero en la escuela no presta atención”, “Estoy en constante comunicación con mi peque vía WhatsApp”... Es evidente que esta dinámica interpersonal ha evolucionado rápidamente en los últimos tiempos. Vivimos en un mundo digital que impacta no solo la forma en que nos comunicamos, trabajamos o aprendemos, sino también cómo nos relacionamos con nuestro propio cuerpo.
Los niños nacen inmersos en un universo tecnológico seductor, lleno de estímulos constantes. Si bien dominan rápidamente dispositivos como tablets y celulares, el abuso de la tecnología está teniendo consecuencias significativas en su desarrollo motor y emocional. La actividad física, crucial para la maduración cognitiva, la formación del autoestima y el desarrollo de las habilidades sociales, se ve progresivamente reducida, contribuyendo al aumento del sedentarismo y a la disminución de las experiencias táctiles.
La Psicomotricidad, respaldada por los avances en neurociencias, entiende el cuerpo como un eje central para el desarrollo de las conexiones neuronales, el equilibrio emocional y la construcción de habilidades cognitivas y sociales. Como disciplina, no puede permanecer ajena a estas transformaciones, ante esto resulta necesario reflexionar y es por esto que escribo estas líneas.
El cuerpo es el eje de la Psicomotricidad. sin embargo, la tecnología, especialmente a través de pantallas y dispositivos digitales, ha minimizado significativamente las experiencias corporales directas. Niños y adolescentes dedican extensos periodos a mirar pantallas, sustituyendo el tiempo que antes dedicaban al esfuerzo físico, la interacción social y la exploración del espacio.
El juego ha sido desde siempre una herramienta clave en la Psicomotricidad, permitiendo que los niños, jóvenes y adultos integren su experiencia corporal con procesos cognitivos y emocionales. Sin embargo, la tecnología también ha transformado el juego. Hoy en día, muchos niños y jóvenes prefieren Fornite, Roblox, Pokemon TCG pocket o cualquier videojuego o aplicación digital han desplazado a la rayuela, el elástico o el ladrón y policía, que tanto jugábamos de niños en las escuelas o las calles de nuestro barrio.
Aunque algunos juegos digitales pueden tener beneficios, como la mejora de habilidades cognitivas o la coordinación visomotora, no pueden ni deben reemplazar las experiencias táctiles, proprioceptivas y emocionales que ofrece el juego corporal. La participación en actividades gamificadas o lúdicas vigoriza zonas cerebrales relacionadas con la concentración, el manejo emocional y la imaginación, elementos que son difíciles de emular online (en línea).
Lejos de ver la tecnología como algo negativo, la Psicomotricidad puede aprovecharla como una aliada si se utiliza de forma consciente y equilibrada. Herramientas como plataformas de realidad virtual, aplicaciones interactivas y juegos digitales que fomentan el movimiento han demostrado ser útiles en contextos terapéuticos. Por ejemplo, son especialmente valiosas para niños con dificultades motoras, ya que ofrecen entornos seguros y controlados para practicar habilidades.
No obstante, el verdadero reto es encontrar ese equilibrio. La tecnología no debe reemplazar las experiencias corporales directas, sino que debe complementarlas. La intervención psicomotriz debe fomentar un uso crítico y consciente de la tecnología, integrándola como un recurso más dentro de un enfoque holístico que considere a la persona en su totalidad.
Son importantes las experiencias multi-sensoriales para un desarrollo saludable. Es ahí donde la Psicomotricidad enfrenta un reto gigante, el de reivindicar el valor del cuerpo y el movimiento en un mundo donde lo virtual parece imparable, inmenso y absorbente. Esto no solo implica promover el juego activo y las interacciones cara a cara, sino también educar a familias, terapeutas y educadores sobre los riesgos y beneficios de la tecnología en el desarrollo infantil.
La clave radica en construir un paradigma integrador, un equilibrio, donde la tecnología y la Psicomotricidad se complementen en lugar de competir. ¿Será posible? Esto no solo requiere una formación específica en los profesionales, sino también un compromiso ético con el desarrollo integral de los niños, priorizando siempre su bienestar físico, emocional y cognitivo.
En conclusión, la tecnología ha cambiado nuestra relación con el cuerpo, el juego y el aprendizaje. En este marco, la Psicomotricidad tiene la oportunidad de convertirse en una disciplina fundamental para equilibrar estas transformaciones. Al resaltar el papel del cuerpo y el juego en el desarrollo infantil, y al integrar de manera crítica y creativa las herramientas tecnológicas, podemos construir un futuro donde lo humano y lo digital convivan armónicamente y en mutuo beneficio.
Prof. Univ. Lic. Ma. Celeste Blanch